Real Madrid 2 – Borussia M. 0. Cuando hay que aparecer.

El Real Madrid renace ante el abismo. Quizá sea la característica más intemporal de nuestro equipo: cuando la cosa se pone fea, cuando el partido es trascendental, nuestro equipo saca su mejor versión y hace parecer juveniles a los rivales. Parece increíble que ayer ganásemos sin aparente dificultal al Gladbad, equipo que hace unas semanas nos dio un baile y ante el que sólo sacamos un mísero empate en el descuento. Pero claro, aquel día no estábamos contra las cuerdas. Igual que ante el Cádiz o el Alavés nos da por hacer el tonto pero en el Nou Camp o el Pizjuán el equipo se muestra serio y competitivo. No creo que sea una virtud, pues preferiría que se tomasen igual de serios todos los partidos, pero parece que no es así. Si el Madrid fuese un atleta, no brillaría en los mítines pero haría un mejor actuación en la Olimpiada, cuando hay que hacerla, cuando todos te miran.

En la noche de ayer brilló especialmente Luka Modric. A sus 35 años es el motor del equipo. Debería sentir vergüenza Isco, que cuando sale parece siete años mayor que Modric, y no al revés. Odegaard apenas pasa los 20, y también anda a años luz del croata en cuanto a influencia en el juego. Ahora mismo no hay interior como él en el club, pero no dejo de pensar que cada partido de juega es uno más que gasta. Tras jugar los 90 minutos los dos últimos días, no sé cómo andará de fuerzas para el importante derby del próximo sábado.

Brilló también Benzema. El día que se convertía en el extranjero con más partidos de nuestra historia – se dice pronto – se disfrazó de Santillana para anotar sendos testarazos de delantero puro. Siempre le hemos reprochado falta de colmillo ante el gol, pero su promedio de goles ronda la diana cada dos partidos, muy meritorio si tenemos en cuenta que no acostumbra a tirar penalties ni faltas.

Los dos goles se sirvieron desde el flanco derecho. Lucas y Rodrygo mezclan bien, por extraño que suene. El gallego suple con garantías las carencias en el lateral diestro (Carvajal se lesiona cada poco y Odriozola no parece contar para nada), y el brasileño anda comiendo la tostada a un mohino Asensio. Parece que, tanto tiempo después, asoma la meritocracia en el Madrid, y juega quien se lo gana.

El Madrid fue dueño y señor del partido, y tuvo tres tiros a la madera que pudieron engordar la cuenta de goles. No deja de ser un

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