Real Madrid 3 – Atletico de Madrid 1. El duelo de la capital.

En los últimos diez años los duelos entre los dos históricos de la capital han vivido su época dorada. Atrás quedan los años en los que el Atleti era un rival claramente inferior y estos partidos no tenían mucha historia. El de esta noche era un duelo de aúpa: a partido único para conseguir estar en las semis de Copa del Rey. Hubo prórroga, como en las tres finales europeas y en la de Copa del Rey que nos han enfrentado desde 2013. El Atleti fue duro de roer, pero el Madrid, con más actitud que fútbol, se llevó el gato al agua.

Tras los dos partido ede la pasada semana en los que Ceballos se reivindico como una alternativa válida para la medular, volvió a ocupar en banquillo para que jugasen Kroos y Modric. Estos dos suman cerca de setenta años y se les nota. Durante el primer tiempo el Atleti impuso su ley y se consiguió adelantar por medio de Morata, que marcó a puerta vacía después de que Koke aprovechase el agujero que provoca Mendy en nuestro flanco derecho. La gesitón de los dos laterales del Real Madrid es una peli de miedo. Tras desechar a Theo, Achraff, Miguel Gutierrez o Fran García, nos encontramos con que no tenemos alas desde las que crear el juego, ni a un lado ni al otro. Aunque siempre es desafortunada una lesión, en esta ocasión la de Mendy fue la que marcó el punto de inflexión del partido: entró Ceballos al campo y Camavinga ocupó el lateral izquierdo. A partir de ese cambio, el Madrid comenzó a percutir. Ellos dos, y Militao fueron los más destacados del equipo

El segundo tiempo fue un monólogo blanco, pero la delantera no invitaba al optimismo. Benzema anda poco fino, y Vini, extramotivado por asuntos externos, intentaba el desborde sin éxito una y otra vez. No teníamos muchas ocasiones, si bien Valverde casi sella el empate con un taconazo tras un centro de Nacho. Después Oblak tuvo que estirarse ante un disparo de Benzema que no rebañó Vinicius de milagro. El reloj avanzaba provocando preocupación. Salió Rodrygo por Kroos y, como otras veces, el brasileño arregló el asunto saliendo del banquillo. Corría el minuto 81 cuando recibió fuera del área y dibujó un gol maradoniano, entrando por el carril del 9 entre la defensa rojiblanca y marcando con el exterior del pie derecho. Este gol, que nos mandaba a la prórroga, fue un alivio.

A los 10′ del tiempo extra Savic vio la segunda amarilla. Recordé entonces la mítica prórroga de Lisboa, que el Atleti jugó en inferioridad. «No podemos llegar a penalties» pensé entonces y pensé otra vez. En el 114′ Benzema mandó a la jaula el balón a pase de Asensio y previo fallo de Vini en el remate. Ya solo quedaba aguantar. El segundo tiempo de la prórroga consistió en congelar el juego y, en el último minuto, Vini marcó tras jugada personal y certificó un pase a semifinales más costoso de lo que creíamos antes de comenzar.

Villarreal 2 – Real Madrid 3. La resistencia a la derrota

La resistencia a la derrota, marca indeleble de nuestros 120 años, apareció ayer en el estadio de La Cerámica durante el descanso. El Madrid palmaba 2-0 en un campo donde llevaba seis años sin ganar y del que había sido derrotado hace diez días. Faltaban Carvajal, Alaba, Tchoameni y Modric, cuatro titulares. No era fácil apostar que el Madrid jugaría los cuartos de final de Copa, pues la eliminatoria era a partido único y sólo quedaban 45′ para marcar, al menos, dos goles. Una hora después, los madridistas sonreíamos. Lo han vuelto a hacer. Ese gen nos acompañará siempre. Da igual quien lleve la camiseta blanca.

El Madrid comenzó el partido de forma desesperante, y a los 4′ ya íbamos palmando. Un golazo de Capoue reatrató a nuestra defensa: Militao pareció indolente y Rüdiger y Mendy se mostraron como las cabras montesas que parecen últimamente. Cada vez que se disponen a sacar el balón, mi corazón se acelera. Nuestra zaga era un chollo para el equipo de Setién, cuyos mediapuntas daban sensación de peligro una y otra vez. LLegamos a su área alguna vez, sí, pero nuestro estilete era Mendy, con lo que eso duele. Un tiro suyo con la pierna derecha fue nuestra mejor llegada. Corría la media hora cuando Chukueze batió a Courtois y el partido se puso en chino mandarín.

Al poco del descanso, Ancelotti hizo los cambios que cambiaron el partido: Camavinga de 5 en vez de Kroos, Ceballos de interior y Asensio por Rodrygo. Más que las nuevas incorporaciones, me pareció decisivo el cambio de posición de Camavinga. Cuando falta Tchoameni es Kroos quien se coloca delante de los centrales, pero el partido de ayer nos demostró que el joven francés puede hacerlo mejor que el viejo teutón. Ceballos, eso sí, lució mucho. Quizá su mejor partido de blanco y posiblemente un punto de inflexión en su carrera dentro del Real Madrid. Se ofeció constantemente, dirigió con maestría las operaciones, participó en los dos primeros goles y anotó el tercero, precisamente a pase de Asensio, otro que se reivindicó en La Cerámica aunque en menor medida. Está claro que el banquillo debe aportar más si queremos llegar a buen puerto este año, como ocurrió en esta eliminatoria de Copa.

Merece también una mención Vini Jr. En una noche gris de Benzema, el extremo percute una y otra vez. Lo intenta, se ofrece, … le sobran gestos, sí, pero lo que de verdad le sobran son patadas. Recibe palos como para construir el Fuerte Randal y sus agresores casi nunca son sancionados. Incluso el skinhead simpatizante de VOX que hacía el monger con el micro cuando la selección ganaba algo – no recuerdo el nombre – se permitió encararse con él, sin atisbo de vergüenza por doblarle la edad. En el 92 y con el partido resuelto, el fracasado de Parejo le pegó una patada digna de tarjeta roja. No solo no la vio, sino que la afición local coreó el nombre del macarra de Coslada. Para pensar.

Real Madrid 1 – FC Barcelona 3. Sin opciones.

La final de la Supercopa la ganó el Barça porque tuvo más ganas de ganarla. Se la tomó en serio. Para el equipo culé era vital ganar un título, más aún si lo hacía a costa del Real Madrid. Nuestro equipo no se presentó al partido. Carletto insistió con Rüdiger en el centro de la defensa, pese a su gris semifinal, y el central alemán, que tan bravo nos parece cuando defiende, demostró tener dos ladrillos en los pies a la hora de sacar el balón. Nada es casual: acababa de volver al verde tras ser atendido en la banda por culpa de un golpe que le produjo cierta conmoción. Sin recuperarse del golpe, le llegó el balón y lo pasó de forma patética a Camavinga, que lo perdió y la jugada acabó en el primer gol en contra. Ya había avisado antes el Barça de que mordería todo lo que pudiese, pero Courtois hizo un par de grandes intervenciones. Nos mató el segundo gol, al filo del descanso, en otra jugada que retrató a Rüdiger de nuevo. El 2-0 en contra era un Everest, porque con esta defensa era improbable no encajar ningún otro gol.

El Madrid se estiró un poco, sin presumir, cuando se vio con el marcador en contra. Pero éramos muy inferiores. Vini Jr sufría un dos contra uno cada vez que intentaba hacer algo, y en ataque nadie se movía. Llegó el tercero y nos temimos una manita en contra, porques esta gente cuando puede hacer sangre no se corta un pelo, pero el único gol que llegó después fue uno de Benzema en el descuento, inútil salvo para maquillar un poco el resultado.

Desde el clásico de liga en el que salió victorioso, el Madrid se ha mostrado irregular y poco fiable. Antes del mundial se decía que algunos andaban pensando en Catar; y al volver parecen no haberse recuperado. En el aire flota la opinión de que Pintus, nuestro ilustre preparador físico, planea un valle en enero año tras año y tiene a los jugadores en forma en primavera. Las notas se dan en junio, sí. Este título es el sexto en importancia, también. Tan verdad como que hay motivos para la preocupación.

Real Madrid 1 (4) – Valencia (3). En la cáscara

La semifinal de la Supercopa dejó un mensaje principal: de tanto exprimir el equipo está en la cáscara. Se suceden las lesiones musculares, fruto de un calendario que responde a la avaricia de los dirigentes, que aman más su dinero que al fútbol. Como los moros tienn pasta, les llevamos nuestro espectáculo allí una y otra vez sin que nos importe la salud de los jugadores ni el menoscabo que produce esto en su rendimiento y, por ende, en el espectáculo. Ahora mismo sólo Kroos parece estar cerca de su mejor versión. Vini Jr, nuestro mejor estilete, ha perdido la explosividad del curso pasado.

El partido fue pobre, propio de pretemporada. El Madrid solo logró marcar de penalty, y el Valencia lo hizo tras un fallo grosero de Lucas Vázquez en el lateral derecho, puesto que se está convirtiendo en el talón de aquiles de esta temporada. Cierto es que los porteros estuvieron brillantes. Mamardashvili fue el mejor jugador del partido, con varias paradas de mérito, y Courtois, que también hizo una parada milagrosa en la prórroga, fue el héroe en la tanda de penalties deteniendo el disparo de Gayá. Lo mejor de nuestro equipo fue la inmaculada tanda de penalties.