Real Madrid 3 – Apoel 0. Ronaldo desencadenado.

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El tercer gol lo consiguió Ramos con esta chilena. 

Imagino a Cristiano Ronaldo en su casa viendo los partidos del Madrid que se juegan mientras él cumple su sanción como una fiera enjaulada. Su ansia competitiva le impide soportar que sus partidos se espacien tanto en el tiempo. Y por eso cuando sale a jugar va a tope de revoluciones, independientemente del rival que tengamos. De hecho, el Apoel es a priori el peor de los cuatro equipos que conforman el grupo H de Champions League. Sale al campo como si acabase de romper las cadenas que le atrapaban. Anoche marcó dos goles, marcó otro que fue anulado, tuvo otro más en forma de gol fantasma y le hicieron un penalty evidente que inexplicablemente el árbitro no sancionó.  Fue, en definitiva, el estilete blanco. Es difícil imaginar que con el 7 sobre la cancha hubiésemos empatado los dos últimos partidos en el Bernabéu.

El partido, por lo demás, no tuvo mucha historia. Una Liga de Campeones de 32 equipos genera diferencias de nivel tan oceánicas como la que hemos visto en el Bernabéu. El Apoel nunca tuvo opción de puntuar. El tercer gol lo marcó Sergio Ramos de chilena, tras dejada de Gareth Bale. El galés tuvo una noche más que aceptable, sobre todo cuando jugó por la banda izquierda. Desde ahí asistió a Ronaldo en el 1-o y también desde su banda natural provocó el penalty que supuso el segundo gol. Aún le queda margen de mejora, sobre todo cuando supere su miedo a lesionarse. Su mayor problema es de confianza, por lo que los pitos de algunos aficionados no ayudan nada. Ya que se ha quedado en la plantilla, nuestro objetivo ha de ser recuperar la mejor versión del “Expreso de Cardiff”.

 

 

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